EDITORIAL

EDITORIAL

Al igual que el lenguaje –que sin más remedio se ha visto en la obligación de evolucionar para acoger las distintas realidades que busca señalar y, por cierto, representar–, el patrimonio ha experimentado una inequívoca expansión. Y esto se ha dado no sólo en cuanto a su significado como vocablo –que ya no es únicamente de cariz económico–, sino también respecto a lo que señala y considera bajo su propio paraguas.

Fenómenos como los nuevos usos de la letra E para expresar la diversidad, pueden verse replicados en algo tan igualmente sensible como el patrimonio, el que, en nuestros días, está caracterizado por el nacimiento de categorías que buscan englobar lo que ahora no puede –ni debe– quedar fuera. Y no es coincidencia que sea el lenguaje como herramienta el que permita la expansión del patrimonio, por cuanto, además de servirse a sí misma, promueve nuevas y diversas realidades; en el ámbito de lo patrimonial, éstas solían estar atadas a palabras que a veces no las representaban –como podría ser lo denominado monumento– y, en algunos casos, ni en lo más mínimo. Ahora es el mismo lenguaje el que nos permite corregir eso.

Categorías como patrimonio inmaterial –donde lo inmaterial no sólo refiere a lo que no tiene materia, sino también a acciones heredables que pueden o no encontrar realidad en objetos físicos–, patrimonio industrial –y en su polo opuesto, patrimonio natural– o incluso categorías más recientes como patrimonio digital, nos permiten entablar conversación con los elementos que en nuestra actualidad acusan la necesidad de ser considerados patrimonio donde, a fuerza de crear sus propias denominaciones, se hacen cada vez más presentes en nuestro devenir por el mundo.

Con esto en mente, el presente ejemplar de Álbum busca hacer eco de estos diálogos, donde lugares como una ciudad, un barrio o una sala de clases, se convierten en escenarios que, además de acoger distintos tipos de patrimonio, permiten por sus propias características, expandirlo. La riqueza de este puñado de trabajos es –a nuestro juicio– precisamente poner de relieve esta diversificación del concepto y nos ayuda, así como los nuevos usos propuestos para el lenguaje, a des-totalizar lo que se había entendido hasta hace muy poco por patrimonio. Esta vez, lo haremos desde la vereda de lo diverso como elemento aglutinador, reconociendo en el origen de estos patrimonios, uno de sus principales atributos que, so riesgo de ser unívoco, ha sido el que provee de mayor cantidad de variables para estas nuevas lecturas.

Afortunadamente, la expansión aquí simboliza virtud, y sin embargo, también representa desafío. Con la presente compilación de artículos, proyectos y ensayos visuales, buscamos poner en tensión la apertura y diversificación que el concepto patrimonio ha experimentado. Y es que la aparición de nuevos fenómenos socioculturales no hace sino empujarnos a la reflexión obligada sobre su preservación y traspaso a futuras generaciones, más aún cuando los cambios parecen ser inevitables.

Mediante este pie forzado de lo diverso, y tomando como inspiración la idea propuesta por Criado-Boadó de que la identidad no puede ser unidimensional,1 invitamos enérgicamente a los debates que el presente número propone y que, con toda la premeditación posible, sólo ha sido denominado PatrimonioÁ

por Equipo Álbum
ilustración por Andrade Benavente

1. Criado-Boadó, F. (2011). La memoria y su huella. Sobre arqueología, patrimonio e identidad. Claves de Razón Práctica. n.115, pp. 36-46.

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