ESCRITO

CUANDO LA MEMORIA DUELE: PATRIMONIALIZACIÓN DE LA CASA MEMORIA JOSÉ DOMINGO CAÑAS

María José Ojeda Velásquez
Magíster en Patrimonio Cultural. Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile.
Licenciada y profesora de Historia. Pontificia Universidad Católica de Chile, Chile.
Santiago, Chile.

Resumen
Durante el año 1974, las violaciones a los Derechos Humanos llegaron a una casa en pleno barrio residencial de Ñuñoa. El regreso a la democracia trajo consigo el interés de las víctimas y sus familiares por recuperarla y resignificarla como lugar de memoria, mientras que intereses externos borraron los vestigios físicos del inmueble.

Este proceso de patrimonialización tuvo su impulso en la memoria de quienes pasaron por allí, conscientes de la importancia de dar a conocer lo sucedido para educar al resto de la sociedad y aprender del pasado para la defensa de la democracia y los Derechos Humanos.

Palabras claves: memoria, patrimonio, dictadura militar, resignificación


When Memory Hurts: Patrimonialization of the Casa Memoria José Domingo Cañas

Abstract
During 1974, Human Rights violations in Chile had arrived to a house at a residential neighborhood in the district of Ñuñoa, Santiago. The return of democracy in Chile also brought the interest from victims and their relatives to reclaim it and resignify it as a memory place, whilst other stakeholders tried to erase its physical remains.

This process of patrimonialization was promoted by the memory of those who were there, conscious of the relevance of making awareness of what happened there in order to educate the rest of society and learn from the past to defend democracy and Human Rights in Chile.

Key Words: memory, heritage, military dictatorship, resignification


IMG 01 Ojeda, M. Nombres grabados de víctimas DD. HH. Santiago, Chile

La Dictadura Militar que se instaló en Chile durante los años 1973 y 1990 se caracterizó por la violación sistemática de Derechos Humanos a personas contrarias al Régimen, por parte de agentes del Estado. Las repercusiones de estos hechos siguen vigentes en nuestra sociedad y el discurso del nunca más se mantiene intacto en aquellos que reconocen el valor de la democracia y el respeto a los Derechos Humanos.

Ante el dolor heredado de este período, diversas iniciativas han surgido para hacer frente a las reivindicaciones de verdad y justicia, algunas de las cuales provienen desde organismos del Estado y, otras, de agrupaciones de víctimas y familiares. Dentro de todas ellas, es posible encontrar una forma de reparación que tiene como eje la salvaguardia de la memoria de los afectados y, en esta línea, se ha promovido la patrimonialización de sitios que albergaron hechos de tortura y muerte.

Paralelamente, existe otro discurso que apunta a dar vuelta la página y evitar revisar este pasado complejo, como forma de cerrar las heridas y seguir adelante con la mirada puesta en el futuro (Fuentes Saavedra, 2010). Con el reconocimiento de la existencia de diversas posturas respecto al pasado reciente, cabe preguntarse por la relevancia y utilidad, para la sociedad actual y futura, del rescate de esta memoria dolorosa y, en este sentido, reflexionar sobre el papel que juega el patrimonio en este contexto.

LUGARES DE MEMORIA Y PATRIMONIO
Dentro de quienes han estudiado temas de memoria, es relevante mencionar al francés Pierre Nora, quien trabajó el concepto de lugar de memoria. En su reflexión, se contrastan las aproximaciones al pasado que tienen quienes se acercan a él desde la historia o desde la memoria. En términos generales, se concluye que el acercamiento al pasado, desde la memoria, es un proceso sumamente subjetivo pues se alimenta de la experiencia, mientras que desde la historia, la reconstrucción del pasado se basa en el análisis de evidencias debido a su vocación de objetividad (Nora, 2009, p.9).

A pesar de la subjetividad de la memoria, la reconstrucción de la historia también puede hacer uso de ella como fuente y, a la vez, es un aporte a la hora de evitar que ciertas memorias caigan en el olvido. En este sentido, Nora expone la necesidad de los humanos de crear diversos mecanismos que ayuden a la activación de la memoria, puesto que no opera de forma automática, ni es posible recordarlo todo.

Estos mecanismos, que van desde marcar un calendario o armar un álbum familiar a crear archivos o construir estatuas, son denominadas por este autor como lugares de memoria, definiendo que «son, ante todo, restos, la forma extrema bajo la cual subsiste una conciencia conmemorativa en una historia que la solicita, porque la ignora» (Nora, 2009, p.24). Es decir, según Nora, creamos lugares de memoria para reactivarla, sea en lo individual o colectivo, para obligarnos a recordar y conseguir aprender del pasado.

La patrimonialización de objetos que reflejan una memoria dolorosa comienza a desarrollarse con fuerza después de la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto ejecutado por los adherentes al nazismo alemán, pues las víctimas y sus familias que convivieron con ese horror buscaban dar a conocer lo sucedido al mundo y generar conciencia de los extremos a los que algunos humanos pueden llegar. En este contexto, la memoria de los sobrevivientes se convierte en un soporte fundamental para servir a la tarea de educar en Derechos Humanos al resto de la población.

Para dar forma a este camino, una de las respuestas fue la musealización de algunos campos de concentración como Auschwitz y Dachau, que albergaron el drama y horror de miles y que, como restos materiales, son efectivos a la hora de representar los hechos conmemorados, mucho más que cualquier símbolo o intervención artística (Choay, 2007, p.18-19). La inscripción en la entrada a Auschwitz Arbeit macht frei («el trabajo hace libre»), se ha convertido en un ícono de este Patrimonio de la Humanidad, representando la crueldad que vivieron quienes llegaron allí.

IMG 02 Drabik, P. Entrada Auschwitz. Oświęcim, Polonia.

Esta situación aportó, además, al cambio de paradigma respecto al concepto de patrimonio cultural que, a partir de la segunda mitad del siglo XX, comenzó a expandirse respecto a los tipos de bienes, tanto materiales como inmateriales, que podían integrarse a este campo de estudio. Los principales cambios estuvieron dados por la aceptación de que el patrimonio cultural es una construcción social donde las personas toman el rol activo en el proceso de patrimonialización, al ser quienes otorgan significación patrimonial a los bienes culturales que consideran importantes (Maillard, 2012).

El rol de la sociedad en el proceso de patrimonialización de bienes culturales que resguardan su memoria tiene que ser activo. De otra forma la amenaza del olvido será constante, pues «el hacer memoria no se agota en el mero recuerdo, sino que, apoyado en él se prolonga en otras evocaciones. Cuando esas evocaciones son ampliamente valoradas y se realizan acciones objetivas para preservarlas y usarlas para fines comunitarios, hablamos de patrimonio» (Sanfuentes, 2012, p.61).

La memoria, en consecuencia, no está cerrada a episodios negativos y dolorosos, por lo que la ampliación del concepto de patrimonio ha abierto la puerta a que otro tipo de bienes culturales entren a la categoría de patrimonio cultural, convirtiéndose en representaciones de una memoria e historia que se debe mantener viva, porque no se debe repetir. Bajo esta perspectiva, Alemania se convirtió en un referente para otros países que han sufrido episodios traumáticos en su historia reciente dado el tratamiento realizado sobre las barbaridades y excesos cometidos (Alegría, 2012).

CHILE POST-DICTADURA
Durante las décadas de los setenta y ochenta, se instalaron varios regímenes dictatoriales a lo largo de América Latina, donde las violaciones a los Derechos Humanos fueron una estrategia recurrente en la imposición del miedo. Con el regreso a la democracia, en Chile surgieron varias iniciativas ligadas al tema de la memoria, por parte de actores diversos, muchas de ellas intentando recuperar los espacios físicos donde se recurrió a la detención, tortura, asesinato y desaparición de un número importante de chilenos opositores al régimen de Pinochet. Tal como explica Luis Alegría:

La emergencia de los lugares de memoria en el Cono Sur y en especial en nuestro país, son tributarios del gran proceso de democratización vivido después de largos años del terrorismo de Estado y la conjunción de una serie de dinámicas articuladas desde las organizaciones de derechos humanos, ex sobrevivientes de la represión, así como de familiares y amigos de víctimas, en conjunto con organizaciones de la sociedad civil comprometidas con la defensa de los Derechos Humanos. (2012, p.308)

Tal como sucedió con los campos de concentración anteriormente mencionados, había una necesidad de salvaguardar los recintos usados para torturar y dar muerte a miles de chilenos y, de esta forma, dar a conocer los horrores y mantener viva la memoria del período. En consecuencia, el Estado chileno tuvo que hacerse cargo de estas demandas a través de la protección legal de lugares de memoria que se habían comenzado a levantar en distintas partes del país.

Dado que en Chile no existe un reglamento específico para esta tipología de patrimonio, se ha hecho uso, más intensamente desde la década del 2000, de la Ley 17.288 de Monumentos Nacionales para declarar y resguardar los diferentes ex centros de tortura, con lo cual sitios como Villa Grimaldi, Londres 38 y José Domingo Cañas, han ingresado a la categoría de Monumento Histórico.

IMG 03 Ojeda, M. Placa José Domingo Cañas. Santiago, Chile.

LA CASA DE JOSÉ DOMINGO CAÑAS 1367
Luego de integrar todos estos antecedentes a la discusión, es necesario profundizar en el caso del ex cuartel Ollagüe, ubicado en la calle José Domingo Cañas 1367, en la comuna de Ñuñoa, Santiago. Al igual que otros centros de detención y tortura, este cuartel fue instalado en una propiedad perteneciente a una persona afín al gobierno de la Unidad Popular, el sociólogo brasileño Tetonio dos Santos, quien la había cedido a la Embajada de Panamá con el propósito de otorgar asilo a perseguidos políticos, hasta que fue apropiada por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA) en agosto de 1974. En este lugar se tiene registro de 53 detenidos desaparecidos y una ejecutada política (Fundación 1367 Casa Memoria José Domingo Cañas, s.f.).

De esta manera, se impuso un nuevo significado a este inmueble y aunque sólo fue utilizada como centro de tortura por unos meses, el lugar quedó marcado por estos hechos, incluso cuando albergó otros usos con posterioridad. En consecuencia, vecinos y organizaciones ligados a la defensa de los Derechos Humanos comenzaron a coordinarse durante los años noventa para prevenir la desaparición del inmueble y convertirlo en un lugar de memoria, lo cual se vio amenazado con la venta del terreno a un privado con fines comerciales, quien incluso decidió demoler la casa para evitar que el sitio fuese declarado como Monumento Nacional en 2001 (Fundación 1367 Casa Memoria José Domingo Cañas, s.f.).

La demolición de la casa plantea el cuestionamiento respecto a qué es lo que se patrimonializa cuando ya no existe la casa original y se ha perdido información valiosa respecto a lo que pudo haber ocurrido en su interior. La decisión del dueño, al momento de la reunión del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), muestra un intento por evitar la declaratoria, despojando al sitio de sus restos físicos más evidentes.

LA RESIGNIFICACIÓN DEL EX CUARTEL OLLAGÜE
La demolición de la casa, efectuada por el nuevo dueño, no impidió que el sitio fuese declarado como Monumento Histórico y mucho menos, socavó la voluntad de quienes buscaban convertirla en lugar de memoria. Finalmente, y luego que ya no fuese viable económicamente, el Estado logró adjudicarse este sitio en el año 2005.

La redacción del decreto que declara al sitio José Domingo Cañas como Monumento Histórico destaca como principal atributo patrimonial la importancia del resguardo de la memoria de hechos que marcaron al país, aun cuando reflejen dolor y crueldad, iniciando de la siguiente manera:

Que, el patrimonio histórico del país sometido a protección oficial debe incorporar, también, aquellos hitos que son testimonio de etapas dolorosas de la vida nacional, con la finalidad que motiven una reflexión por parte de la sociedad, orientada a profundizar la convivencia armónica, la tolerancia y la solidaridad entre los chilenos. (Ministerio de Educación, 2002)

En consecuencia, en la misma declaratoria se observa que las motivaciones para la salvaguardia de este bien patrimonial están asentadas en elementos inmateriales como son las memorias de quienes pasaron por allí y el valor educativo que su presencia puede tener en el resto de la sociedad, lo que para Luis Alegría es un deber social de este tipo de sitios (2012, p.315).

La fundación que administra el sitio en José Domingo Cañas, ha tomado en cuenta este elemento a través de la vinculación con estudiantes secundarios y universitarios, de manera de educar, de forma reflexiva y crítica, en memoria y Derechos Humanos, no sólo desde el punto de vista de las violaciones ocurridas durante la dictadura, sino desde el respeto a ellos para la convivencia social del presente y el futuro (Fundación 1367 Casa Memoria José Domingo Cañas, s.f.).

La consolidación actual de este lugar de memoria es resultado del proceso de resignificación del sitio, cargado de hechos dolorosos de enfrentar. Considerando que al momento de su declaratoria estaba convertido en un sitio eriazo, el desafío de su conservación pasaba por la generación de un proyecto capaz de servir a este fin educativo, ser respetuoso con la memoria de las víctimas y convertirse en una marca en la ciudad que, de alguna manera, alerte a los transeúntes de lo sucedido en este barrio residencial. Como se observa en las imágenes que muestran parte de este sitio, el proyecto no se redujo a la instalación de una placa conmemorativa que despoja de profundidad a los hechos, sino que se incorporaron variados elementos que interpelan al espectador.

IMG 04 Ojeda, M. Estado Actual. Santiago, Chile.

El más visible de ellos fue la construcción de mástiles que demarcan la casa original y sus habitaciones, «donde se izarían velas que simbolizaran la partida y llegada de quienes pasaron por este espacio de dolor» (Fundación 1367 Casa Memoria José Domingo Cañas, s.f.). Sumado a esto, se procedió a grabar, en el suelo, los nombres de todas las víctimas que pasaron por ese centro como recordatorio de la humanidad y particularidad de cada uno de ellos.

El simbolismo de este proyecto hace eco de la definición de lugar de memoria que entrega Pierre Nora, quien explica que en ellos se conjugan, en diferentes grados, tres dimensiones: lo material, lo simbólico y lo funcional (2009, p.32). En este caso, gran parte de la materialidad se había perdido, pero el trabajo con la memoria de los sobrevivientes permitió hacer una reconstrucción simbólica que no pasa inadvertida por quienes transitan frente al lugar, cumpliendo, desde el llamado de atención, su labor social y educativa y otorgando un nuevo significado a este sitio.

EPÍLOGO
La Casa Memoria José Domingo Cañas se sitúa en un proceso de patrimonialización de ex centros de tortura ubicados a lo largo del país impulsado por víctimas y familiares en busca de reparación, conscientes del valor de estos lugares para la sociedad chilena en un período de transición a la democracia.

La destrucción física de la casa no dio paso al olvido y desaparición de este centro, pues el valor otorgado está en los hechos que allí se vivieron, no en las características materiales de la construcción. Por este motivo, la resignificación del sitio estuvo dada por la voluntad de quienes lucharon por el rescate de la memoria histórica de las víctimas para generar, así, un proyecto a largo plazo y de uso público del espacio.

La opción de que algunos de estos lugares pasen a manos de sus víctimas ha sido un primer paso para la sanación de las heridas, puesto que su administración instala un nuevo propósito en este grupo de personas: educar a la sociedad en el nunca más y en la promoción de la cultura de la paz. La labor educativa de estos lugares de memoria fue fundamental para la consolidación de la democracia recién recuperada, otorgando valor al relato traumático, pero no desde el morbo, sino que en el aprendizaje de valores asociados al respeto y defensa de los Derechos Humanos.

Si bien la declaratoria de este inmueble es escueta al centrar su valor en lo histórico, se hace cargo de la necesidad de que el Estado reconozca que las violaciones a los Derechos Humanos son parte de la historia y memoria de Chile y, por tanto, la protección patrimonial aporta en el resguardo de esa memoria para su traspaso a futuras generaciones. Á

DESCARGAR PDF


REFERENCIAS
Alegría, L. (2012). Patrimonio y Atrocidad. En D. Marsal, Hecho en Chile. Reflexiones en torno al patrimonio cultural. Santiago: Fondart. pp. 293-319.
Choay, F. (2007). Alegoría del Patrimonio. Barcelona: Gustavo Gili. Fuentes Saavedra, C. (2010). Columnas de Opinión. Recuperado de:  Link
Fundación 1367 Casa Memoria José Domingo Cañas. (s.f.). Cuartel Ollagüe. Recuperado de: Link
____ . (s.f.). Educación en Memoria y Derechos Humanos. Recuperado de: Link
____ . (s.f.). Recuperación del Sitio. Recuperado de: Link
Maillard, C. (2012). Construcción social del patrimonio. En D. Marsal, Hecho en Chile. Reflexiones en torno al patrimonio cultural. Santiago: Fondart. pp. 15-31.
Ministerio de Educación. (2002). Declara Monumento Histórico el sitio histórico ubicado en Avenida José Domingo Cañas 1367. Santiago.
Nora, P. (2009). Les lieux de memoire. Santiago: LOM.
Sanfuentes, O. (2012). ¿Por qué recordar? Algunas reflexiones acerca de la relación entre memoria y patrimonio. En D. Marsal, Hecho en Chile. Reflexiones en torno al patrimonio cultural. Santiago: Fondart. pp. 55-71.