Columna

REFLEXIONES SOBRE EL DESPERTAR SOCIAL Y EL PATRIMONIO URBANO.

por Triana Sánchez Rubin

Hidalgo, S. (2019). Re-evolución 25/10/2019 Plaza de la Dignidad, Santiago, Chile.

Basta recorrer la zona céntrica de la capital para apreciar que el patrimonio cultural urbano ha sido uno de los elementos más marcado por el estallido social iniciado el 18 de octubre en nuestro país. Como ejemplo de lo anterior nos encontramos con monumentos de emblemáticos personajes de la historia de Chile intervenidos para manifestar las demandas del movimiento social; fachadas de edificios repletos de mensajes, dibujos y carteles alusivos al descontento que ha manifestado parte importante de la población; y también, en su extremo más radical, saqueos, incendios y destrucción de edificios históricos como iglesias y universidades.

Desde una mirada reflexiva, este fenómeno llena de interrogantes: ¿Es casual que el patrimonio urbano sea usado como soporte de expresión del descontento social? ¿En qué medida se pueden entender como actos de vandalismo o, por el contrario, constituyen actos legítimos de expresión? ¿La restauración de estos monumentos debe apostar a devolverlos a su estado anterior o se debe dejar huella de lo acontecido?

Una clave para reflexionar en torno a estas interrogantes es entender el patrimonio desde una mirada actual, no como un objeto, sino como un proceso de creación de sentidos. 1 En otras palabras, no es que los bienes patrimoniales tengan valor de manera intrínseca, sino que su carácter patrimonial se constituye en la medida en que es aclamado como tal por una comunidad, lo que implica que sea dinámico y socialmente construido. El hecho que sea construido socialmente lo transforma en un campo de debate y disputas, pues implica decidir qué seleccionamos del pasado para la construcción de una identidad colectiva. 

Sanchez, T. (2019). Busto Arturo Prat Chacón. Providencia, Santiago, Chile.

Probablemente el monumento conmemorativo es donde se aprecia más claramente la forma en que el patrimonio es tensionado. En este mes de estadillo social hemos visto cómo monumentos que conmemoran a distintos personajes de la historia de Chile -principalmente héroes militares, presidentes de la República y otros personajes de la historia política del país- han sido utilizados como medio de expresión de consignas, denuncias y demandas de quienes han colmado las calles de la ciudad, en un sentido muy distinto con el que fueron erigidos. El ejemplo paradigmático de ello ha sido el monumento del General Baquedano en Plaza Italia; basta ver la fotografía que se ha transformado en la imagen más emblemática de las manifestaciones sociales, donde, como sucede en cada marcha ciudadana, el monumento de Baquedano es rodeado e incluso ocupado por decenas de personas, y en su cima, mientras el cielo pareciera estar teñido por el fuego, un hombre con los brazos abiertos sostiene una bandera mapuche, un símbolo que, en apariencia, poco se relaciona con el arquetipo del héroe nacional. 2 

De forma paralela, en distintas ciudades de norte a sur esculturas que representan a conquistadores españoles y colonizadores han sido destruidas y “mutiladas”. Mientras en La Serena el monumento de Francisco de Aguirre fue derribado y reemplazado por el de una mujer diaguita, en Temuco el busto de Pedro de Valdivia fue removido y la cabeza de la escultura colgada de la mano de otro monumento que representa a Caupolicán. Algo parecido sucedió en Punta Arenas, donde la escultura de José Menéndez, sindicado como uno de los responsables del exterminio del pueblo Selknam, fue derribada y colocada a los pies del monumento del indio patagón.

n/a (2019). Monumento José Menendez, Punta Arenas, Chile.

Los ejemplos señalados parecen tener significados distintos: si en el caso de Baquedano se podría tratar más bien de la apropiación de un monumento sin un cuestionamiento explícito a su sentido original, la destrucción de conquistadores y colonizadores hace un repudio directo a la historia oficial y los personajes que se han definido en ella como héroes y dignos de homenajear. Más allá de las diferencias, estos actos deben hacernos cuestionar sobre la representatividad de los monumentos presentes en nuestras ciudades, los cuales han surgido en su mayoría bajo una lógica decimonónica que busca reforzar una identidad nacional única y homogeneizadora, distando mucho de representar la diversidad de identidades que conviven en el país, las cuales, hoy más que nunca, buscan ser visibilizadas. Todos estos actos no hacen más que reforzar la idea de que el monumento, y el patrimonio en general, no tiene un mensaje unívoco, sino más bien son escenarios de luchas de sentido, de definición de distintos “nosotros” y de competencia entre distintas memorias. 3

Otro fenómeno interesante se aprecia en las intervenciones que se han realizado en las fachadas de edificios y espacios públicos, especialmente en la zona céntrica de la capital. Los muros se han transformado en verdaderas pizarras, donde la ciudadanía, a través de escritos e imágenes, ha expresado su descontento, visiones e, incluso, ha interpelado directamente a las autoridades y clase política. Las fachadas no sólo se han transformado en el soporte de expresión de voces que, muchas veces, no tienen otro medio para ser escuchadas, sino que también en un verdadero documento histórico que da cuenta del contenido del movimiento social, así como también de la creación de nuevos símbolos que se han transformado en representativos de este proceso, como el perro “negro matapacos”, la bandera negra y los ojos mutilados, por nombrar sólo algunos de los ejemplos que abundan en los muros.

Sanchez, T. (2019). Grafiti Mata Pacos. Santiago, Chile.

Si entendemos que lo patrimonial se constituye como tal debido a procesos abiertos y constantes donde los sujetos lo dotan de significado, estas intervenciones pueden verse como una capa más de significación de espacios ya cargados de valor, que finalmente nos hablan de formas de apropiación del patrimonio urbano. Bajo este punto de vista, sería un error llevar a cabo acciones de restauración que busquen borrar por completo las intervenciones, pues no solamente se estarían perdiendo testimonios de un momento histórico a nivel nacional, sino también la propia historia del edificio. En este punto la conformación de registros y archivos se presenta como una herramienta imprescindible de resguardo y testimonio para un futuro.

Un tercer fenómeno interesante de recalcar es el cambio que ha experimentado la toponimia de la ciudad a propósito de la movilización social. Al caminar por Santiago nos encontramos con la calle Nueva Constitución, en reemplazo de Constitución, el Cerro Huelén en referencia al Cerro Santa Lucía y, el caso más emblemático, la Plaza de la Dignidad en reemplazo de Plaza Baquedano o Plaza Italia. Si bien la efectividad de estos cambios de nombres solo se podrá apreciar en un tiempo más, cuando se pueda evidenciar qué tan legítimo resultó ser para los habitantes, nos recuerda que la forma en que nombramos los espacios que componen la ciudad no es irrelevante, sino que es sumamente simbólica, razón por la cual cualquier proceso de cambio profundo siempre conlleva un “renombrar”.

Sanchez, T. (2019). Monolito Cerro “Huelen”, Santiago, Chile.

Por último, parece necesario diferenciar los ejemplos que se han señalado con los casos de incendio y saqueo provocados a edificios históricos, especialmente iglesias. Si bien, en general, estas construcciones han sido atacadas porque representan instituciones y visiones de mundo cuestionadas por grupos de la sociedad, no sólo han afectado un ámbito sumamente delicado y significativo para los sujetos como lo es la fe, sino que, además, son un intento por anular ese patrimonio más que resignificarlo o reivindicar otra forma de ver el pasado, negando así la posibilidad de construir algo nuevo a partir de ellos. No obstante, este tipo de actos merece una reflexión y análisis más acabado, tanto para comprender el sentido detrás de ellos, como para proponer formas de restauración de estos bienes bajo criterios contemporáneos.

A modo de conclusión de estas reflexiones, lo que ha acontecido las últimas semanas respecto al patrimonio cultural refuerza la idea que es un campo complejo, donde existen distintas visiones del pasado, la identidad y la ciudad que no están libres de tensión. Por tanto, es importante abordar estas problemáticas de forma profunda, trascendiendo la mirada del vandalismo y tratando de comprender qué hay detrás de estas formas de alterar, transformar y usar el patrimonio urbano.

Sanchez, T. (2019). Guernica Chileno, Santiago, Chile.

El estallido social ha remecido al país y nuestras vidas en ámbitos muy diversos -políticos, económicos, sociales, culturales, etc.-, lo que nos ha llevado a un repensar general de cómo nuestra sociedad se ha construido. El patrimonio cultural, los espacios públicos y la ciudad no pueden quedar fuera de esta discusión, siendo ésta una oportunidad para reflexionar sobre qué tan representativo es el patrimonio actual de nuestras ciudades, qué significa para distintos grupos de la sociedad y, por sobre todo, cómo desarrollar mecanismos que permitan que sea más representativo, inclusivo y participativo, de tal manera que el patrimonio cultural efectivamente contribuya a una sociedad más cohesionada y democrática.  Á

 



1 Smith, Laura Jane. El espejo patrimonial. ¿Ilusión narcisista o reflexiones múltiples? Antípoda. En Revista de Antropología y Arqueología, pp. 36-63, 2011.
2 El protagonismo de la bandera mapuche en las manifestaciones sociales merece un análisis aparte que trate la irrupción de nuevos símbolos que han venido incluso a reemplazar los símbolos patrios y nacionalistas.
3 Jelin, Elizabeth y Victoria Langland. “Las marcas territoriales como nexo entre pasado y presente”. En su Monumentos, memoriales y marcas territoriales, España, Siglo XXI de España Editores, 2003, p. 11.