ENTREVISTA

LA MEMORIA SEGÚN ALEGRÍA

Luis Alegría, historiador y Doctor en Estudios Americanos, ha reflexionado en torno a la construcción del patrimonio desde los museos, la memoria –vinculada a la violación de los derechos humanos–, y al rol de las políticas de cultura y patrimonio en la refundación nacional de dictaduras latinoamericanas. La siguiente entrevista aborda el desarrollo histórico de estos conceptos, la forma en que se han impulsado desde el Estado y sus desafíos futuros a nivel nacional.

por Camila Gómez Bolbarán

Luis Alegría posee una amplia experiencia profesional y académica en temas de memoria y patrimonio. Actualmente se desempeña como jefe del departamento de colecciones del Museo Histórico Nacional, luego de ejercer como jefe del Departamento Educativo del Museo de la Memoria y los Derechos Humanos. A continuación aborda el desarrollo histórico de memoria y patrimonio, la forma en que se han impulsado desde el Estado y sus desafíos futuros a nivel nacional.

¿Cuál es su concepto de memoria? ¿Cómo se vincula al concepto de patrimonio?

No deja de ser complejo llegar a una conceptualización, pero, extrayendo parte de mi experiencia, de mi trabajo y de cómo he ido abordando los temas de memoria y patrimonio, uno de los enfoques tiene que ver con la mirada procesual. Con esto quiero decir que la memoria es una construcción social.

La memoria es muy dinámica, pasa por muchos cambios, y si bien la característica principal es que la noción de recuerdo es individual, debemos decir que los recuerdos son significativos en el momento en que se sociabilizan o se comparten con otros.

La noción de memoria puede caer en dos dicotomías. Algunos plantean que la memoria individual tiene un componente subjetivista, y que de esta forma pierde un poco su condición o característica social y de interacción. Por otro lado, la mirada colectiva le quita protagonismo al individuo, porque en definitiva, los marcos sociales de la memoria nacen cuando una comunidad recuerda algo de manera similar, cuando en la práctica vemos que no es tan así.

Dentro de los marcos sociales los más importantes son el Estado y la memoria oficial; a pesar de que algunos cuestionan la memoria oficial, yo creo que sin duda existe, ya que el Estado es uno de los grandes dispositivos de gestión de memoria. Pero también existe un espacio para que los individuos generen sus propios recuerdos y los puedan sociabilizar.

La matriz que presenta Williams para trabajar los temas de cultura me parece válida cuando habla de una hegemonía cultural, pero siempre existiendo la posibilidad de una contracultura o una cultura alternativa. Este esquema sirve para los temas de memoria, cultura y también patrimonio.

«En el caso chileno hay dos focos importantes respecto del patrimonio y la memoria en nuestro país. Uno que niega su relevancia o importancia, y otro que la respalda»

¿Cómo se han desarrollado históricamente ambos conceptos?

Aquí es interesante hacer una distinción ontológica y epistemológica, partiendo por lo epistemológico, porque hoy hablamos de estudios de memoria, pero esto no significa que no existieran prácticas de memoria o procesos de memorialización en el pasado. Éstos últimos siempre estuvieron presentes, pero desde la perspectiva académica, de teorización, no se veían o no existían.

Por esto, tendemos a asumir de manera  más natural que la generación del Estado Nacional supuso la construcción de un relato oficial de memoria. Es decir, la articulación de un discurso respecto del pasado, y éste tiene dos dimensiones como legitimador del presente, pero también del futuro. El Estado construye discursos de memoria, como también de patrimonio.

Respecto al patrimonio cultural, se hace la distinción ontológica de que el ser humano crea memoria, de forma individual y grupal, esto también se ve reflejado en el patrimonio. Cuando se habla del homo habilis, es decir, del ser humano como productor de objetos, éste no sólo los produce, sino que también genera recuerdos a partir de ellos, o los objetos pueden ser soporte de recuerdos y, por ende, produce patrimonio. Otros autores dicen que la forma en que se configura el patrimonio es una problemática moderna, que las sociedades actuales son las que lo configuran. Pero yo creo lo contrario, que la condición patrimonial es característica de los seres humanos y de toda sociedad.

A su juicio, ¿Son adecuadas, útiles y/o necesarias, las maneras en que se muestra o representa esta relación en nuestro país? ¿Nos podría dar un ejemplo de dónde se ve más representada?

En el caso chileno hay dos focos importantes respecto del patrimonio y la memoria: uno que niega su relevancia o importancia, y otro que la respalda. Esto genera un problema, porque hay ciertos enfoques conservadores y tradicionalistas, expresados a través del nacionalismo, que apelan a un concepto característico de la época que es la tradición. La imagen del héroe, los  símbolos patrios, etcétera. Eso ha significado que un número importante de investigadores hayan despreciado patrimonio y memoria como clave de análisis respecto al pasado. Recién hoy día nos estamos sacudiendo un poco de eso y acercándonos al análisis desde una perspectiva más crítica; de una forma más significativa, estamos diciendo que patrimonio es una categoría que nos permite conocer la realidad social.

En la academia, hoy los estudios de memoria se han ido afianzando mucho más que los estudios de patrimonio. La memoria desde su inicio, por su condición y afinidad política, ha permitido que los estudios sobre ella, en la academia, tengan mayor importancia y relevancia que los estudios de patrimonio.

Un ejemplo; en lo premoderno, todo patrimonio es asociado a un tema religioso, por una necesidad de trascendencia del ser humano. Ésta se expresa a través del patrimonio cultural y los bienes patrimoniales y con la modernidad, esa trascendencia se hace laica, cuando surgen instituciones como museos, monumentos, como forma de materialización de la memoria.

Entonces, ese discurso de memoria inmaterial, cuando se representa en un monumento público, como en un monarca, por ejemplo, pasa a constituirse en patrimonio. Aquí es donde se ve una relación bastante directa entre patrimonio y memoria.

¿De qué forma la población percibe estas representaciones? Para usted, ¿Son apreciadas, respetadas o simplemente pasan al olvido? Además, ¿cómo se ve el espacio público respecto al patrimonio?

En estricto rigor, la mirada sobre lo patrimonial y la memoria que está anclada en la tradición, sigue teniendo un carácter hegemónico. La complejidad radica es que esto se traduce en la sala de clases. Vemos que hay un cierto avance de cómo se habla de patrimonio, que antes no se hacía. Aquí se transforman los discursos tradicionalistas y nacionalistas en discursos patrimoniales; esto se evidencia en el Día del Patrimonio Nacional, por ejemplo. Lo que tiene eso, es que hay una cierta conciencia sobre los vestigios del pasado, que antes no existía o tenía menor significado. Esto tiene mucho que ver con la crisis que tiene el progreso, ya que nos hace volver al pasado, porque hay una sociedad que requiere de él con todo que eso implica. Pablo Aravena, historiador de la Universidad de Valparaíso, plantea esta idea de que un abordaje crítico y reflexivo sobre el pasado se logra a través la historiografía y cómo ahora abordamos el pasado desde el patrimonio o la memoria; hubo una amplitud que es compleja y negativa, porque lo patrimonial y la memoria no permite una mirada más reflexiva del pasado.

¿No se conjugan ambos conceptos de manera adecuada en términos de educación?

Yo creo que todavía no, pero no es por una mala voluntad docente, yo creo que hay una complejidad mayor, partiendo que no es fácil hablar sobre el pasado como otro país a las nuevas generaciones. Porque cada vez que el docente necesita concretizar, vuelve a los casos típicos originales.

Es el gran problema que existe con la didáctica o enseñanza de la Historia en las escuelas; hay estudios que afirman que cuando los estudiantes de Pedagogía en Historia están en la universidad son súper críticos, reflexivos y analíticos, pero al llegar a la sala de clases, algo pasa que vuelven a los autores clásicos.

Pasa lo mismo en el patrimonio, las miradas rupturistas quedan atrás al momento de enfrentar la educación patrimonial. Ahí hay un tema no resuelto, que no es un problema de voluntad, es algo mayor. Es difícil hacer el ejercicio de reflexión y crítica en lo concreto.

«La mirada sobre lo patrimonial y la memoria que está anclada en la tradición, sigue teniendo un carácter hegemónico»

A su juicio, ¿Cómo evaluaría las características que han tenido las políticas de memoria y patrimonio en Chile durante los últimos años?

En términos de políticas públicas, una de las situaciones que debemos notar por su gran relevancia es la falta de sostenibilidad y permanencia de las mismas. Se ha avanzado en ampliar la categoría de patrimonio monumental, arquitectónico, decimonónico en su gran mayoría, pero la falta está en no incorporar instrumentos de gestión de todo lo que eso significa.

Un caso concreto que tiene que ver con patrimonio y memoria es la declaratoria de Monumento Nacional de sitios de memoria; yo diría que en los últimos dos años hay una explosión significativa, fundamentalmente de lugares que están asociados a las violaciones de Derechos Humanos. Se hace la declaratoria y nada más, pero no existe por parte del Estado, de un grupo de especialistas que realice levantamientos o catastro por ejemplo, que genere planes de gestión. Todo lo que se ha declarado como Monumento Nacional últimamente es producto de la sociedad civil. Por eso el tema de sostenibilidad es tan significativo, no hay concordancia.

Es una política pública que yo denomino como esquizofrénica, en el sentido de que dice por un lado ciertas cosas, pero en la realidad hace otra. De hecho, en la nueva institucionalidad pública del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio está incorporado el tema de la memoria histórica, pero la pregunta es qué institución pública se hace cargo, no hay ninguna, ni se está pensando. Si tú le preguntas a algún funcionario público chileno, no pueden afirmar con certeza qué sitios de memoria se van a declarar de aquí a 5 años más, porque no existe esa proyección.

Para usted cuál sería el elemento clave a la hora de reforzar las políticas públicas respecto a patrimonio y memoria actualmente?

Yo diría que el elemento clave es que el Estado afirme qué memoria histórica es de interés nacional, y eso implica que, así como la creación de patrimonio a través de museos, interesa la gestión de patrimonio en temas de archivos y documentos. Por ejemplo, un tema clave sería estatizar el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos, porque es una fundación privada, sin fines de lucro, que recibe aportes del Estado. Lo dicotómico es que corresponde a una política pública, que surge desde una decisión presidencial, que recibe recursos estatales, pero finalmente no es reconocida como institución estatal.

«El elemento clave es que el Estado afirme qué memoria histórica es de interés nacional hegemónico»

Entonces, ¿por qué el museo no está dentro del Ministerio de las Culturas, las Artes y el Patrimonio y, por tanto, dentro del Servicio Nacional del Patrimonio?

Sí, hay una preocupación del Estado, de las autoridades, del Ejecutivo en ese museo; me atrevo a decir que ahí hay una cierta consolidación de la memoria oficial, pero aun así seguimos viendo temas complejos hoy en día porque, siendo oficial, no es memoria hegemónica. En comparación con siglos anteriores, en el siglo XX, en una situación neoliberal, lo oficial no necesariamente es hegemónico, esto porque incluso otras instituciones del Estado no comparten esa memoria; ahí la lectura que se hace de los Derechos Humanos no es la misma. Ahí hay un equilibrio muy precario todavía.

Con respecto al rol que juegan los museos en la materialización de la memoria de un país, y teniendo en cuenta sus actores relevantes, ¿cuáles son los riesgos de representarla de esta forma? Por ejemplo, rememorar eventos sensibles, revictimización de sus protagonistas, etc.

Los riesgos siempre van a estar asociados a que la implementación de estas políticas de memoria ha sido de manera muy arbitraria por un lado y tiene una falta de sostenibilidad muy grande.

Por ejemplo, respecto al tema de las violaciones de Derechos Humanos, hay un consenso en la sociedad chilena de que las hubo, y que el museo surge a partir de eso, pero es precario, porque con un nuevo gobierno todo puede cambiar. Hay un equilibrio precario porque no hay una hegemonía clara en ese sentido, y eso implica también que desde el Estado hay una política muy vinculada a las víctimas, y a un cierto círculo asociado a ellas.

Trabajando en el Museo de la Memoria, hicimos seminarios de temas de memoria histórica en regiones con el Ministerio de Educación, donde nos comentaban que era la primera vez que se discute, en una instancia formal, el tema de la memoria histórica, y estamos hablando de 2016.

Todo el período anterior no era tema, era tabú; esto tiene que ver con los enfoques, porque es un tema complejo. En este sentido el Estado ha sido poco proactivo para instalar este asunto, hay una preocupación y una sensibilidad, pero no se ha instalado el tema.

En relación a su tesis doctoral: «La refundación simbólica en Chile y Uruguay –1973-1989– dictadura militar y políticas del patrimonio cultural». ¿Cuál es el papel de la memoria y el patrimonio en la refundación simbólica de la nación en Chile?

Mi tesis quería abordar cómo este discurso de la refundación simbólica se podía también expresar en el campo de lo patrimonial y la cultura. Hay una discusión sobre que la dictadura no tiene proyecto cultural, pero yo encuentro que sí, se hace relevante la dimensión del apagón cultural, sobre todo en la primera fase represiva, es por eso que la cultura se vio afectada.

La dictadura no se involucró en cultura por complejidad, pero sí en el patrimonio. En el año 1974, hubo un cambio a la Ley de Monumentos Nacionales, donde se refleja un interés en ellos, proponen cambios, una visión moderna y más amplia. Otro hallazgo, a partir de 1981, las acciones en el campo del desarrollo cultural se traducen en temas de declaratoria de Monumentos Nacionales; entre 1974 y 1989 hay cerca de 350 declaratorias, concentradas en los años 1976, 1981 y 1983 por motivos como una nueva Constitución, diez años del Golpe Militar, años crudos en violaciones de Derechos Humanos, etcétera. Muchos de los bienes que hoy consideramos como patrimoniales, hoy no preguntamos por qué lo son, ni cuándo fueron declarados; muchos de ellos fueron declarados en dictadura, existe una naturalización en decir que lo que es patrimonio, sin saber cuándo, ni por qué ni por quién fueron declarados.

¿Cuál es su proyección respecto a las políticas públicas de patrimonio en el país?

En el marco de mi tesis me concentro en un concepto complejo, que fue cuestionado, y es que percibo una cierta pretensión totalitaria por parte del régimen militar respecto de las políticas patrimoniales. Me refiero a un control fuerte, férreo y absoluto del patrimonio cultural, con las variables de nacionalismo y catolicismo, que son dos ejes fundamentales para entender las políticas patrimoniales. Entonces acuño el concepto de compensación autoritaria que surge frente a todas estas reformas neoliberales tan profundas, la competencia, el individualismo, que son potentes. Hay un momento culmine con la instalación del modelo neoliberal, las políticas no tienen ningún sentido, ya que no se puede tener políticas patrimoniales totalitarias en un contexto neoliberal.

En esa misma línea, el patrimonio se transforma en una instancia compensatoria de todos estos procesos de reforma y cambio, quitamos de todo marco de referencia social a los ciudadanos chilenos, hablamos de una sociedad fracturada, es decir, necesitamos esos marcos de referencia.

La cultura sigue operando en lo patrimonial como un proceso de compensación de esto otro. Como lo patrimonial debe recuperar el sentido colectivo, a través de la patrimonialización, la declaratoria de monumentos, lo que hacemos es poner valor en lo colectivo, así se gana un poco de terreno al individualismo. Á

fotos por Diego Sepúlveda

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